A golpes de realidad: mi libertad, mi verdad

De pronto, un día te levantas y todo es diferente.
Amaneces llena de miedos y de inseguridades,
un gurruño de respuestas sin por qué.

Él te vocea todos los días,
pero él no es así.
Él puede cuestionar tu ropa, tus actos, tu forma de pensar y ser,
pero eres mujer,
tiene que ser así.

El error son los demás.
Siempre los demás.
Tu amiga no es buena amiga.
Tu madre no es buena madre.
Tu hermana no es buena hermana.

Los días pasan y descubres que ya no eres (ni has sido) la mariposa que soñabas,
que eres una larva pequeñita y asustada,
dependiendo, temiendo, escondiendo.

Pero otro día, te cansas.
Y, casi sin pensar, matas
el centro neurálgico de tus garrapatas.
Decides que no quieres callarte más,
que no quieres temer a escondidas qué pasará,
que puedes vivir otra vida,
que quieres volar más allá.

La libertad nunca había sabido tanto a realidad.
Esta es tu verdad.
No te calles:
eres valiente,
eres suficiente.

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