El cajón de sal

La poesía duele en el alma
como un niño que patalea,
porque quiere escapar,
porque quiere jugar.

Es cuestión de dejarse llevar,
de no forzar,
y si la poesía está dentro,
fluirá,
saldrá,
volará.

Porque la poesía,
aunque humana,
prefiere su hogar
en el mar.

En ese que la acoge,
en ese que la llama,
en ese que la hace vibrar.

Poesía que nace
en cada orilla
del cajón de sal.

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